Ahora que se acerca el fin de las competiciones al que alguien puede pensar que el club llega con más pena que gloria (no deja de ser una opinión), ahora escribo estas palabras.Independientemente de lo estrictamente deportivo siempre hay un fondo y un transfondo que es lo que normalemente queda a los que compiten (jugadores y entrenadores). Los objetivos que ambos se marcan a principio de temporada son normalmente ambiciosos.
El corazón de los deportistas así lo marca. El afán de superación (tanto para el jugador como para el entrenador) no siempre -casi nunca- se corresponden a una realidad tangible.
Las visicitudes de una temporada conlleva lesiones, cambios de comportamiento, horarios de entrenamientos incompatibles, estudios etc etc. Tales circunstancias no son calculables a priori. Un ejemplo: ¿quién podía pensar (sin desmerecer a nadie) viendo jugar aquí en Alcázar al Junior Especial de Guadalajara, que no iban a llegar siquiera a la final regional de la competición? Es tan solo una demostración de que los elementos exteriores también juegan.
A todo esto, está el entrenador y responsable máximo del equipo, persona como las demás. Un miembro mas de la escuadra pero... No siempre es así, por suerte o por desgracia (no con mucha justicia) los intangibles anteriormente mencionados y cuando los mismos son negativos, se le achacan al entrenador.
Es verdad, en algún caso, que la prepotencia y la supuesta sapiencia -la del entrenador me refiero- lo hacen merecedor, a mi juicio, de algún "castigo" por inmodesto. De todas formas y sea como fuere, todo es asumido como un compromiso más y convive con ellos.
Nadie como el entrenador sufre o se alegra (mas lo primero que lo segundo), pero normalmente ese sentimiento no lo suele o puede compartir en su totalidad con nadie (unicamente con otro entrenador).
En un partido tenso, los cinco minutos previos al inicio del mismo, en los cuales se piensa en todo o casi todo lo que puede pasar, y los cinco minutos de después del encuentro donde un torrente de sentimientos (positivos o negativos) se desbordan. Nadie puede vivirlos como el entrenador. Es cierto que esos minutos no forman parte "real" del juego, pero son los que hacen que el entrenador tenga una soledad diferente a cualquier otra y que nadie haya estado en su lugar, puede entender.
Por todo esto y para que sirva de reconocimiento a todos ellos, quiero dar mi ánimo para los próximos años y un abrazo muy fuerte a mis compañeros entrenadores del club que ya han finalizado sus temporadas: el señor Fernando Mayorga, Chefran, Paco Molina, Paco Abengózar, Juanki, Manu, Mike Moraleda, Sito, Joseda, Isabel, María Bravo y Nieves. Solo comentarles que el trabajo que realizan y el esfuerzo me han parecido excepcional y aqui plasmo mi reconocimiento a todos ellos.
Para todos los entrenadores del club que siguen en competición: Miguel Ángel, Javi Úbeda, Jesús Teodoro, Richard, Pola, Nito y mi gran amigo Juan Leal, desearles suerte y ánimo. Que pase lo que pase les brindo mi apoyo para lo que necesiten. Apoyo que hago extensivo a todos los monitores de la Escuela Municipal de Baloncesto, a David su director y a todos los responsables de los equipos de las escuelas de la localidad.
Y a Jesús Sánchez, bienvenido de nuevo. Un saludo.
Alfonso Arraez
Entrenador, Director Deportivo y Vicepresidente del Grupo 76 Al-kasar.
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