martes, 30 de junio de 2009

Mi visión del campus

Con la resaca del 2º día de entrenamientos escribo este artículo. Leo en el blog del monitor, inaugurado por Esteban y Rubén, que estos han incidido en el aspecto humanitario del campus, en su relevancia en el mundo baloncestístico alcazareño, resaltando las relaciones que se han forjado en torno al mismo, la intrahistoria del mismo y la bonita convivencia diaria entre monitores y alumnos.

Yo valoro en mucho esto, pero me gustaría enfocarlo desde otra perspectiva, que es la que verdaderamente hace a un campus de baloncesto: el trabajo del baloncesto, y las horas de entrenamiento. Y digo que es lo realmente importante, porque estos días se convierten en una oportunidad no única, pero si valiosa para los chicos, que no deberían desaprovechar. ¿A qué me refiero?

Tres horas diarias de entrenamiento, centrado en técnica individual + 1 hora de tecnificación en aspectos importante del juego, impartida por un experto en esa parcela + 2 horas de competición 1x1, 2x2, 3x3 y tiro. En total, 6 horas de contacto con el baloncesto por día, lo que multiplicado por los 5 días, hacen 30 HORAS TOTALES. Siguiendo con mis cálculos, y teniendo en cuenta que a la semana, durante la temporada normalmente se realizan 3 entrenamientos de 60 o 90 minutos de duración, obtenemos prácticamente 8 o 10 semanas de entrenamientos, 2 meses, comprimidos en 5 días. Pensando que, aparte de las 2 horas de competición, el entrenamiento es difícil llevarlo a cabo durante la temporada, estos días, se revelan como realmente útiles para los jugadores, ya que sería de muy complicada realización dedicar tanto tiempo a la técnica individual durante una temporada centrada en el equipo, o compartir algún tiempo de tecnificación, junto a verdaderos maestros en la materia.

Es por esto, que yo pienso, que esta es la verdadera fiesta alcazareña del baloncesto, por delante de 24 horas, fases finales, semifinales o finales de cualquier categoría, porque es aquí donde crece el basket, donde se enganchan a los jugadores, y donde los enganchados ya, pegan el estirón técnico.

A mi también, me encanta la piscina después de comer, y la “suculenta” y “abundante” comida en la piscina, me sigo emocionando igual al conocer a gente como Nacho (futura estrella de esto, ya lo verán), Vicente, Noemí… y se me sigue rompiendo el corazón de la misma manera cuando un chaval no esta a gusto en su grupo o no lo esta pasando bien durante los entrenamientos. Pero yo por lo que me enamoré del campus, fue por el baloncesto, y la dedicación al mismo durante una semana bajo el caluroso sol de julio.